LA HORA DE GRAN MISERICORDIA


En Sus revelaciones a Sor Faustina, nuestro Se√Īor pidi√≥ una oraci√≥n especial y una meditaci√≥n de Su Pasi√≥n cada d√≠a a las tres de la tarde, la hora que recuerda Su muerte en la cruz.

A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque s√≥lo sea por un brev√≠simo momento, sum√©rgete en Mi Pasi√≥n, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agon√≠a. √Čsta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitir√© penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le ser√° negado al alma que lo pida por los m√©ritos de Mi Pasi√≥n... .

Cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia.

En esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante... .

De estas instrucciones detalladas se desprende que nuestro Se√Īor quiere que nos fijemos en Su Pasi√≥n a las tres en punto, seg√ļn nuestros deberes lo permitan y quiere que le pidamos Su misericordia.

En el Libro de G√©nesis, Abraham rog√≥ a Dios que redujera los requisitos necesarios para que √Čl pudiese ser misericordioso con la gente de Sodoma y Gomorra. Aqu√≠, Cristo Mismo ofrece una reducci√≥n de requisitos a causa de las varias exigencias de nuestros deberes cotidianos y √Čl nos ruega que pidamos Su misericordia, aunque sea de la manera m√°s insignificante, para que √Čl pueda derramarla sobre todos nosotros.

Quiz√° no todos podamos rezar las Estaciones del V√≠a Crucis o adorar a Jes√ļs en el Sant√≠simo Sacramento, pero todos s√≠ podemos detenernos mentalmente durante un "brev√≠simo instante", pensar en Su abandono total a la hora de la agon√≠a y rezar una breve oraci√≥n, como por ejemplo, "Jes√ļs, Misericordia" o "Jes√ļs, por Su dolorosa Pasi√≥n, ten misericordia de nosotros y del mundo entero".

Esta meditaci√≥n de la Pasi√≥n de Cristo, por breve que sea, nos lleva cara a cara con la cruz, y, como escribe el Papa Juan Pablo II en la enc√≠clica Rico en misericordia: "Es en la cruz que la revelaci√≥n del amor misericordioso alcanza su culminaci√≥n". Dios nos invita, contin√ļa el Santo Padre, a la ¬ęmisericordia¬Ľ hacia Su Hijo, hacia el Crucificado". Por consiguiente, nuestra meditaci√≥n de la Pasi√≥n deber√≠a llevarnos a un tipo de amor que es "no solamente un acto de solidaridad con el doliente Hijo del Hombre, sino tambi√©n un tipo de ¬ęmisericordia¬Ľ mostrada por cada uno de nosotros al Hijo del Padre Eterno". (Vea la p√°gina siguiente de este librito para las Estaciones de la Misericordia, apropiadas para ser rezadas a las tres de la tarde.)